Yo me crié en la cuidad del niño, a los 12 años entré a estudiar en el colegio Consolidada Dávila, y ahí empecé a militar, fui la primera militante de mi familia, familia mapuche, mi madre alcanzó a estudiar hasta segundo de preparatoria y de ahí a trabajar al campo, una mujer que se sacó la cresta por sus dos hijos, lavaba ropa, trabajaba en una panadería, toda la vida la vi salir adelante por lo tanto esa enseñanza fue matriarcal, hizo que yo siguiera sus pasos, mi padre… ausente.

Cuando llega el triunfo popular, mi mamá estaba muy contenta, estaba segura que el mundo iba a cambiar, que eso era lo que se necesitaba, que con este gobierno íbamos a ser todos iguales a mí eso nunca se me olvidó. Ahí aprendí lo que era el pueblo, yo tenía 15 años, a los 16 salí del colegio y como persona pobre supe que iba a ser difícil seguir estudiando, entonces ahí empecé a trabajar, gracias a que ella lo vio como una posibilidad para mí. Me llevó a trabajar con ella a Arrow, fábrica perteneciente a los cordones industriales, me sumé a los sindicatos y yo creo que eso me marcó en esto del mundo del trabajo, saber lo que eran las fábricas, las comisiones tripartitas donde se negociaba por sector, después me casé y estaba conforme pues podía llevar a mis hijas a la sala cuna de la empresa, donde teníamos una micro que nos trasladaba de ida y vuelta, te daban ajuares completos cada vez que tenías un hijo, los jardines eran de primera calidad, también había arte y cultura en los sindicatos, yo me acuerdo que en frente estaba Madeco y hacíamos tremendos actos culturales en su salón.

Todo San Nicolás era un hervidero del cordón industrial de San Miguel: Fensa, Madeco, Arrow…
Yo, como te decía empecé a militar muy pequeña y mi primera educación versaba sobre la historia del movimiento obrero, era como obligación para nosotros aprender y empaparse de lo que era eso.

En ese camino tuve la oportunidad de conocer a Teresa Carvajal que era textil, a la Gabriela Trujillo que después fuera presidenta de los textiles y de los pensionados de Chile, todos dirigentes de la FENATEX, que era una sola de Arica a Punta Arenas…conocí ese tipo de sindicalismo que es muy distinto al que se estila hoy en día… Sindicalismo de clase.

Ahí la conciencia de clase se te abre de tal forma, que es imposible claudicar a esos conocimientos y al ser electa como representante de los trabajadores, saber que ellos depositaban en ti, la esperanza y la alegría…que tú, ibas a responder por ellos.

Una de las cosas que aprendí de Recabarren era que él decía que los dirigentes sindicales en su rol de representantes debían velar por ser felices, algo que hoy ya no se habla, de ser feliz, feliz en el trabajo, en el hogar, en la población…él hablaba de eso y esa felicidad que aprendimos fue lo que nos sirvió para resistir la dictadura, lo que te mantenía viva.

En los años 70 mi madre arrendaba, yo vivía con ella, y ahí vino la necesidad de tener casa y así partí al Bosque, donde vivo ahora, llegamos poco menos que a colonizar, porque en nuestra toma llamada “Campamento Venceremos”, proceso de auto construcción de los pobladores a través de Corhabit nos reconocimos y con la ayuda de unos ingenieros rusos se construyeron esas poblaciones.

Mi función en ese momento como mujer embarazada, era tener en mi casa a los niños de la toma, darles alimento, mudarlos, hasta que sus padres los llegaban a buscar después del trabajo. Se construirán unas estructuras de fierros cruzados, pues tenían que ser anti sísmicos, eran de cemento y unas bolitas de plumavit que me acuerdo parecían nieve, que volaban por todas partes. Después se secaban, se soldaban y así se iban armando las casas, cuando llegábamos del trabajo todos nos sumábamos a los trabajos voluntarios y entre todos íbamos dando forma a nuestro sueño.

Los sindicatos nos abastecían de alimento, yo nunca en mi vida comí mejor que en la unidad popular, algo que recuerdo fue la primera vez que comí locos, llegaban los camiones de los frigoríficos con mariscos, salmón, cosas que nosotros como pobres no comíamos.

Si bien en la toma no teníamos baño, agua, ni luz, sabíamos que era algo para nosotros, tan grande era la convicción que, pese a las necesidades, sabíamos que esa iba a ser nuestra casa…que ésta iba a ser mi historia.

Además, existía la exigencia de que los niños fueran al colegio y como estábamos en una toma, recuerdo que instalaron como 8 buses que los habilitaron para que ellos pudieran estudiar, se les daba el medio litro de leche, la comida, los pesaban, los medían y se daba con las necesidades de sus particularidades y aun así con todas las precariedades, en esos buses que eran buses habilitados, que estaban alfombrados….ahí supimos de eso que se llama dignidad.

La ex casa patronal se convirtió en nuestra primera sala cuna y con los años se convirtió en el primer consultorio que tuvimos en la población… esa ex casa patronal se fue maravillosamente re-significando con el tiempo.

Fuimos rebautizados como población las acacias por la dictadura… hoy Villa El Bosque.

Vivimos días constantes con allanamientos, helicópteros encima, hombres que no volvían a sus hogares, miles de pobladores, fueron allanadas todas las casas, acosados permanentemente.

Hoy tenemos nuestra plaza Quila Rodríguez en homenaje a un compañero caído en aquel tiempo de oscuridad.

El día del golpe yo estaba en mi casa, y en esa madrugada ya sabíamos que era inminente el golpe de estado, yo no me podía mover de mi casa púes tenia mis tres hijas una de ellas una guagua, aún por mi edad no era dirigente… Era tan grande mi pesar, que las bombas las sentíamos por todos lados, incluso creía ver la moneda bombardeada, vi que todo se oscureció, que empezaron a pasar muchos helicópteros y aviones que iban y volvían, todos aterrorizados, tirándonos piedras envueltas en papeles entre los vecinos para saber cómo estaban, en los pápeles se leía: oye tengo miedo, oye no llegó mi marido… nadie salía de su casa y esas piedras envueltas en mensajes eran nuestra comunicación… nuestra manera de saber de nosotros.

Después volví a la Fabrica, Arrow , no cerró, hasta el 82, primero disuelven nuestra manera de hacer sindicalismo, un día teníamos que hacer asamblea sindical, éramos como 400 trabajadores y debíamos hacer esa asamblea pues se nos anuncia que habría despidos y me recuerdo que entregábamos una hoja que era la tabla, ahí llegan los militares preguntando quien era la más antigua y eligen a tres, a dedo: presidente, secretaria y tesorera… ya están listos.

Tras eso en cada reunión estaban los militares con armas, ahí comienza a nacer la compartimentación, creamos unos códigos de palabras, como éramos textiles sabíamos que la Maquina Overlock hace cadenetas… eso significaba: movilización.

Ahí comenzaba a correr este nuevo idioma, la overlock está mala, nos juntamos a las tres para arreglarla, cuando llegaba la repre: oye se echó a perder la ojaladora, la ojaladora 2: era que venían a dos cuadras y así armamos nuestros propios códigos de organización y defensa dentro del vocabulario textil.

En el 79 nos empezamos a organizar para armar la coordinadora nacional sindical, participaban los que se atrevían a participar, yo empecé a ser dirigenta de hecho no de derecho, era como representante, en el 82 me fui de Arrow, me fui a otra fábrica donde trabajaba a trato.

Ahí cada vez que nos íbamos a reunir debíamos mandar la tabla de reunión antes a la comisaría más cercana al lugar de reunión, se mandaba la tabla y llegaban o milicos o pacos y se quedaban parados como tontos escuchando y ahí seguíamos con codificación donde hablábamos solo de cosas “textiles” si había repre el código era ojaladora pues hace un solo golpe, la botonera que hacía dos golpes significaba que la repre era más fuerte y la overlock que hacia cadeneta como te contaba eso significaba movilización.

Teníamos relación directa con la metropolitana de pobladores donde estaban los trabajadores del PEM y el POJH, en esos días se realizaban pequeñas tareas de sabotaje, se descomponía la luz o el agua cuando los compañeros de la metropolitana iban a pasar por fuera de la fábrica, si ellos iban a pasar a las 12, nosotros a las 8 ya no teníamos luz, ni agua, a las 11 decíamos ya que no hay luz o agua… entonces nos vamos… ahí los esperábamos y nos sumábamos a ellos.

En el 88 nos reuníamos al alero de la iglesia y las empleadas de casa particular, esos fueron los inicios de la coordinadora, ahí llegaban solamente hombres… mucho machismo y ahí tras muchas luchas se arma el cordón femenino de la coordinadora nacional sindical, ahí llegaban mujeres de distintos partidos políticos, para ver los puntos referidos a la mujer trabajadora y empezamos a hacer políticas para mujeres trabajadoras, velábamos por reconquistar los derechos alcanzados en la UP.

Después vinieron tiempos de precarización y ahí comenzamos a ser más puntudas en nuestras peticiones, la coordinadora llegó a tener tres congresos nacionales en plena dictadura, el último se realizó en Punta de Tralca donde vimos por última vez a Tucapel Jiménez vivo, él venia de nuestro congreso de mujeres, cuando lo atraparon y lo asesinan.

Me toco viajar mucho por Latinoamérica y el mundo, buscando nexos de solidaridad con Chile y cuando se arma la Cut, yo venía de Dinamarca y se me solicita que pase por Paraguay, Uruguay, Venezuela, Argentina para traer delegaciones para el día del congreso de la Cut, yo entro con ellos a Chile, lo que me sirvió para poder entrar, venía con muchos compañeros, con veedores internacionales en aquel 06 de agosto de 1988.

Llegamos acá y ahí salen elegidas dos compañeras en ese mundo sindical machista, María Rozas y yo, ella profesora y yo Textil, ella de la DC y yo comunista.

Fui la primera encargada de mujeres de la Cut, terrible de algún modo, pues las mujeres teníamos derecho solo a opinión y no a voto, hasta que nos emancipamos en el 90, cuando había elecciones en la Cut y nos pusimos de acuerdo con todas las compañeras para llevar una lista solo de mujeres, nos decían que estábamos locas, pero gracias a ello se decidió que todas las listas de ahí en adelante debían llevar mujeres.

A los 45 años decidí estudiar en la universidad, me pague mi carrera yo solita, estudie trabajo social, opte por esa carrera por ver como ayudaba más en la construcción de este mundo, eso me empoderó para decir soy trabajadora social, me llamo Patricia Coñoman, mujer mapuche, mi apellido significa: Moño de Cóndor, soy obrera textil, soy comunista, al que le guste bien, esa soy yo.

Cuando pienso en el compañero Salvador Allende yo siento admiración, siento que era un hombre tan visionario, un hombre que nació fuera de época, un ser privilegiado en términos de conciencia, un ser excepcional, guía y camino para los trabajadores.