Elena Araneda, trabajadora de la familia Allende. Miembro del dispositivo de seguridad G.A.P.

Mi mamá trabajó 10 años con don Salvador en la casa de Guardia vieja desde que era presidente del senado y así fue que tomamos contacto.

Yo, empecé como lavandera, después trabajé en la planta telefónica, fue difícil manejar esa tarea, aprender la codificación, las claves.

Recuerdo un día en que lo vi medio agitado, se me ocurrió llamar al doctor Bartulin, el compañero presidente se molestó mucho y Bartulin me pidió ser su ayudante, ahí Allende me hizo escuchar su corazón…debo ser quizá la única de Tomas Moro que pudo escuchar su hermoso corazón.

Saliendo de la cocina estaba mi pieza…cuando recuerdo esos últimos días me da pena, recuerdo a allende paseándose triste, silencioso.

¿Qué pasó en Tomás Moro el 11 de septiembre?

A mí me tocaba libre, pero el devenir me hizo estar ahí, yo pensaba que solo era una nueva asonada, me tocó hacerme cargo de la cocina, a eso de las 11 escuchamos por la radio que iban a bombardear la moneda, pensamos inmediatamente que pronto nos tocaría a nosotros.

Aquel día me llama la señora Tencha, a eso de las 11 de la mañana, me pide un vaso de agua y fue fortuito que ella alcanzase a salir, pues un rocket explotó justo en el segundo piso.

El primer Rocket dió en un palto, el segundo directo en la pieza de la señora Tencha, tras ésto ella salió en un auto por la puerta trasera y ella me dice: Nena cuídame la casa.

Yo decidí quedarme, quedarme en Chile, me quedé sola, sola, ahí me sumergí en una parte de mi historia que prefiero no recordar.

Para describir esos años de mi vida debiese ser artista,para poder contarlo, dibujarlo.

Hubo autos en la puerta de mi casa durante muchos años. Yo, durante 14 años me iba a llorar al 14 en las afueras de una iglesia, hasta que un día supe del retorno de mis compañeros, y ahí comencé a sanar, me dije: a mí, mis compañeros me deben ver bien, despertó nuevamente mi orgullo y un día en una marcha a inicios del 90, me tocan el hombro y estaba Milton, el chico Julio, ay, fue como que me volvió el alma al cuerpo, ahí estaban mis amigos, mis compañeros y ahí después de tanto…nuevamente cambio mi vida.

Después de muchos años pude decir nuevamente yo soy Elena, familia de Salvador y parte del Gap.
Recuerdo la navidad del 72 en el Cañaveral, don Salvador invitó a todos los hijos de los miembros del dispositivo, él me encargó hacer una ronda, pero los niños entre los helados y los juegos no me hacían caso, hasta que él me dice: no tienes voz de mando, jajaja, el feliz con los chiquillos…a los hombres, miembros del dispositivo les regalo unas máquinas de afeitar y a las mujeres unas máquinas de coser.

Uno de los momentos más tristes fue en dictadura cuando producto del hambre y con el dolor de mi alma la tuve que vender para comer, lloré de pena de tener que venderla para poder comer.

Mi corazón aún sangra, cada 11 de septiembre es un día sagrado, de recordar a mis compañeros, lo valiente que fueron, quedarse al lado del presidente, ninguno acobardar, todos apechugar bajo ese terrible bombardeo, ninguno arrugar, después estar boca abajo en la calle, con la amenaza de pasarles un tanque por encima.

Todos después al Tacna, tirarlos en las caballerizas, y solo algunos sobrevivir gracias a la astucia de correrse y quedar con la gente detenida en toque de queda y gracias a eso salvarse… los otros no corrieron esa suerte y el 13 todos ser asesinados, para después en el fuerte Arteaga dinamitarlos… pero murieron sin delatar a nadie.

Mi rol fue ser una compañera leal, haberlo conocido como presidente del senado, después como presidente, feliz de haber cumplido toda labor encomendada, de eso me siento orgullosa, de haber estado dispuesta, de acompañar a sus hijas, de estar dispuesta siempre, prepararle su ropa, su comida, de contar con su más absoluta confianza.

Entrevista: Bernardino Vásquez y Alicia Araya Millar
Registro fotográfico y post producción: Greta Estévez